Este no es el punto de llegada, sino el de partida”. El presidente de Ferrari, Sergio Marchionne, lanzó rápidamente una misiva pública, pocos minutos después de entrar Vettel en meta, con las órdenes precisas para que nadie saque los pies del tiesto en Ferrari con la primera victoria desde Singapur 2015.

“Calma chicos, trabajo y mirada al frente”, decía Vettel por la radio en el mismo sentido. Ganaron 553 días despues, y lo hicieron en buena lid, pero la mitad de la victoria fue regalo de McLaren. Se volvieron a colocar líderes en constructores, lo que no ocurre desde Australia 2013, pero la desconfianza en otro arreón de los tricampeones es evidente. Su piloto lidera la clasificación desde que Alonso lo hiciera en octubre de 2012 (Japón), pero Vettel sabe perfectamente cómo son sus compatriotas tras sufrirlos de azul y de rojo.

Pero inevitablemente la esperanza corre a toda velocidad entre el tifosi y la prensa. “Ya es verdad”, titulaba abriendo La Gazzetta dello Sport. “Denle a Vettel un coche ganador y moverá el mundo con su estilo preciso, agresivo e implacable, capaz de asfaltar a Hamilton”, decían en sus páginas interiores, un ejemplo del resto de medios, todos ellos inflamados por la idea del Ferrari más italiano que nunca. Es la victoria 225 de Ferrari y saben tomarlas a sorbos, pero otra en China dispararía la euforia y la historia de amor entre Seb y Gina, que es como ha llamado esta temporada a su monoplaza.